Blanca Rosa, cuidadora de semillas: “Mi misión es colaborar en la sanación de la Madre Tierra”

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Como una ‘sembradora de lugares, sanadora y educadora ecologista’ se define Blanca Rosa Álvarez Sepúlveda, precursora del movimiento hippie en Chile, de las aldeas espirituales en el valle del Elqui y de la Comunidad Ecológica de Peñalolén, en Santiago. A esta chilena de 61 años la entrevistamos el 24 de febrero de 2012 en su hogar, situado en el paralelo 42, límite entre las provincias argentinas de Río Negro y Chubut. En ese momento era la directora de la Oficina de Medio Ambiente del municipio de El Bolsón. Hoy es una reconocida maestra de cuidadores de semillas a ambos lados de la cordillera. 



Sus conocimientos, adquiridos en sus viajes por Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador e Italia, abarcan las hierbas medicinales, la apicultura, el hilado y el teñido natural, la bioconstrucción, la permacultura, la educación de niños, el reciclaje y la agricultura sustentable. En su casa de Las Golondrinas, el segundo piso es ocupado por visitantes de diferentes países que realizan pasantías para aprender con esta sabia mujer.
 En el patio hay una huerta y un vivero, y por todas partes se ven materiales reutilizados. La conversación, que tenía por finalidad que nos contara su vida, fluyó entre tés de hierbas y mates… -Soy hija de padres ateos y en vez de llevarme a la iglesia, me llevaban al cine los días domingos- comenzó relatando. 
 -Nací en 1952 en Santiago de Chile, y después fuimos a vivir a diferentes lugares porque mi padre era jefe de Correos (empresa del Estado), hasta que mi mamá se cansó de trasladarse de un lugar a otro y nos instalamos en esas primeras poblaciones Corvi que hubo, que se llaman las villas Huemul en la capital, en el barrio de Nataniel con Franklin. Ahí vivíamos en una especie de guetto, porque todos los edificios miraban hacia el interior de la cuadra y adentro teníamos de todo: árboles para encaramarnos, columpios, piscinas, lugares para andar en patín; muros gigantes donde llegaban unos señores vestidos de negro los días viernes a darnos cine; venía la banda del regimiento que quedaba a tres cuadras el día sábado en la mañana a tocar música y nosotros los niños bailábamos para ellos; era un periodo en que los militares eran nuestros amigos. 
 Mi padre, un aristócrata venido a menos económicamente pero al que se le notaba el origen en sus modales, era también secretario del Partido Radical de esa época; y mi mamá venía del sur, de la zona de Traiguén, también de una economía un poco mejor que la mayoría porque su familia era dueña de la herrería del pueblo, donde llegaban todos los caballos, las carretas; en esa época, en los años 20 y 30, esos talleres eran la base económica de esas localidades. 
TESOROS DE LA NATURALEZA 
 Cuando tenía siete años mi padre estaba enfermo de tuberculosis y no quería quedarse en una clínica, entonces nos tenían que aislar del él por el tema del contagio y me pusieron en un internado de niñitas pobres en una colonia alemana en Malloco, esto es como a 60 kilómetros de Santiago, camino a Talagante, en donde estaba el restorán Munich. Ahí había que caminar como dos kilómetros para llegar hasta la escuela, y fue el despertar de mi conexión con la naturaleza; llegué siempre atrasada a la clase porque me dedicaba a recoger los “tesoros” que hallaba en el camino, las hojitas secas de colores en el otoño, los esqueletos de las hojas, insectos y piedritas. Entonces me mandaron a llamar al apoderado y mi madre pidió que tuvieran paciencia, que yo no era ni tontita ni loquita, sino que era especial. Y bueno, me aceptaron esta posibilidad en la escuela; llegué siempre tarde y después todos esperaban cuando yo llegaba a ver qué tesoros de la naturaleza había recogido. Entre medio me hice amiga de los vecinos que había en el camino; los campesinos, que me regalaban pan, fruta, queso; así que llegaba con más cosas deseables para el resto de la escuelita. 
LOS HIPPIES DEL PARQUE FORESTAL -Volví a vivir a Santiago con mi familia; después de un par de años estudié en diferentes escuelas y cuando tenía 18 años me acerqué al Parque Forestal, donde era terreno de los hippies; empecé a fumar marihuana, a probar drogas y a conectarme con el movimiento. Vinieron unos gringos que eran los promotores del hippismo, en la onda de Timothy Leary.
 En esa época yo conocí a un chico chileno que venía de vuelta de los Estados Unidos; allá él pertenecía a un grupo que se llamaba la Iglesia Orgánica de Interacción Ecológica -tremendo nombre… cuando me lo dijo quedé impactada-. Lo habían expulsado de EEUU porque con otro amigo, a la edad de 17 años, les había pedido el hermano que se robaran una caja con unas tuercas en un barco, en San Francisco, y los pillaron, y resulta que esas piezas eran para unas armas en Vietnam, así que era nuestro héroe, y me emparejé con él; era la época en que protestábamos contra la guerra de Vietnam, como ahora lo hacemos por el encierro en el que tienen a los palestinos. Esto era en los años 70’ y empezó todo el conocimiento de lo que es la ecología, a saber cómo mandaban de EEUU toda la cantidad de productos que ya estaban probados que hacían mal a la salud de las personas, como el Hexaclorofeno que tenían los productos Simmons para las cremas de los bebés; y este compuesto estaba comprobado en EEUU que al aplicarlo producía daños cerebrales y acá te lo vendían como el antiséptico mejor de todos; o empezar a descubrir cómo del Drive te hablaban de los ‘biosolves’ que te comían toda la mugre, pero no te decían que después seguían comiendo en la alcantarilla y luego en el mar se comían todo el plancton; había toda una conciencia del daño ecológico, y dentro de la filosofía de este movimiento hippie estaba la revolución de las flores, la paz y el amor, pero también la vuelta a la naturaleza. 
 Cuando ganó Allende (1970), hubo muchos grupos que se dividieron; unos fueron a la revolución armada, al MIR, porque llegaban todo tipo de personajes a captarnos… pero yo me fui con la gente que le interesaba la ecología, la vuelta a la madre tierra… y nos fuimos a vivir al campo.

 DE COMUNAS Y OTRAS HIERBAS -Y nos encaminamos a distintos lugares; yo me fui con un grupo a la parte de Linares, a la costa, otros fueron a las montañas, y volvimos todos cagados de hambre y de frío en invierno, porque no teníamos idea de vivir en el campo; llegamos allá en verano y nos bañamos desnudos en el río, comíamos fruta de los árboles, y empezó luego a hacer cada vez más frío, ya no había más fruta, no habían cosas para comer; y no teníamos idea de cultivar la tierra; no sabíamos que se podía guardar comida de los árboles ni que había que juntar leña en el verano, y volvimos todos a la casa de nuestros padres a refugiarnos, pero no nos dimos por vencidos. Por ahí se armó la comunidad con Los Jaivas también; éramos un grupo grande de gente y con ellos además de la música y todo el cuento, nos relacionábamos con el arte, ya fuera con la plástica, en el teatro; pero también con el tema de la alimentación natural y empezar a reconocer los productos y comenzar a hablar de ecología. 

 Con mi pareja pasamos un año viajando a dedo por todo Chile, íbamos al cerro en La Reina y recolectábamos plantas medicinales y partíamos a dedo al norte, hasta Iquique, allá esas plantas eran muy valorizadas; en el norte recolectábamos las plantas de esa zona y después nos íbamos hacia el sur y así recorrí de Arica a Puerto Montt, de montaña a cordillera; fue una experiencia muy interesante. Después tuve a mi primera hija (Vida) y siempre volvíamos al parque; porque era el lugar de encuentro, era el epicentro cultural de Santiago y en esa época todo Bellavista y Lastarria era el barrio de los artistas, de los intelectuales; estaba la Escuela de Bellas Artes en esa época en el parque; había mucho movimiento de pensadores. Y nos conseguimos una parcela en La Reina de una señora que alquilaba casas para los trabajadores y llegamos los hippies del parque a vivir ahí; le llamamos Macondo a esa comunidad. Y ahí, como convivíamos con los campesinos también, comenzamos a aprender un poquito a sembrar la tierra; a leer los periodos de la luna con los cultivos; las cosechas. 

VALLE DEL ELQUI -En todos estos viajes de idas y vueltas con estas plantas y hierbas, siempre miraba el paisaje del valle del Elqui y decía “debe ser bonito por aquí pa’ dentro”. Llegamos allá y nos atendieron unos viejitos en Vicuña y nos dijeron que fuéramos un poco más arriba a Rivadavia, que es donde se juntan los ríos Turbio y Claro. Ya viviendo ahí, de repente aparecieron unas personas de los grupos de yoga de Coquimbo que venían a practicar justo donde estábamos viviendo nosotros, que era un lugar energético, y nos conectamos con ellos; y estaban todas estas meditaciones y los satsang. Invité a gente para que vinieran al valle, que era un lugar espiritual y empezaron a llegar muchas personas y dijimos con mi compañero “mejor mandémoslos más arriba, al valle del Cochiguaz”; los dueños de esas tierras eran los yogas de Coquimbo y entonces permitieron que empezara a armarse un movimiento espiritual en Elqui. 

 Era un periodo de búsqueda espiritual; participamos en ese tiempo en el valle del Elqui nosotros, los hippies, los artistas, los más sensibles a las ideas nuevas, los ecologistas y políticos; llegaron también los conocimientos de lo que eran las religiones orientales, aprendimos a meditar y nos fuimos todos a una organización que se llamaba Suddha Darma Mandalam que era una iglesia hinduista. Después llegó un niño gurú; decían que se acercaba el fin del mundo, y que había que vender todos sus bienes, y parece que después se fueron con las cosas, no sé, también apareció la madre Cecilia. 
 BOLIVIA Y APICULTURA -Después de ahí me surgió una necesidad de ir a hacer una investigación sobre técnicas de pinturas y teñidos naturales y de tejidos a telar, y nos fuimos a Bolivia con los niños -Pastor y Vida, que tenían en esa época dos y tres años-. Estuvimos viviendo como un año y algo con muchos indígenas; aprendimos también sobre cultivos y a hablar quechua y aymara. Los indígenas fueron mis grandes maestros en lo que es la sustentabilidad; yo lo reconozco porque años más tarde, cuando leí el libro de lo que era la permacultura, dije “wow, soy permacultora”. Estuvimos mucho tiempo en lo que es la parte del desierto de Uyuni, y en las zonas de Cochabamba, también en el Chapare, en la parte de la selva amazónica, en Santa Cruz. Mi marido estaba muy interesado en las drogas y se había metido en la cocaína; se vinculó con los dealer y yo como era un angelito de otro planeta -no tomaba drogas ni fumaba ni nada-, me pidieron un día que me lo llevara porque si no iba a aparecer descuartizado, así que me dieron plata y todo para que me fuera. 
 Después volvimos a Santiago un rato, vivimos en La Reina, cerca de Plaza Egaña, por ahí con unos amigos; y ahí entré a estudiar Apicultura, porque en realidad con todos estos conocimientos esotéricos como que se acababa el planeta, iba a subir el mar y las energías de acuario, y los traslados energéticos y todo, las inundaciones y los derretimientos de los hielos; había que ir a vivir a las montañas y aprender trabajos autosustentables. Estamos hablando de los años ochenta y tantos; y me recibí después de técnico apícola. Estuve trabajando un tiempo atendiendo apiarios, una labor alucinante. 

 COMUNIDAD ECOLÓGICA DE PEÑALOLÉN -Entré a trabajar como maestra de arte en una escuela Waldorf y me pidieron como requisito que tomara los seminarios que es toda una línea de educación con la antroposofía y Rudolf Steiner como filósofo; y con ellos estuve como unos cuatro años trabajando, haciendo clases de artes con niños con deficiencia metal, con síndrome de Down, y autistas; después me retiré de ahí porque cuando te empiezan a decir que tienes que pensar de cierta manera o pertenecer al grupo, y si no es porque te falta madurez, prefiero ser inmadura y tener mis propios pensamientos. Entre medio nos separamos con mi compañero y entré a hacer pareja con otro personaje que era un luthier, hacía instrumentos de música, violines, chelos, clavecines, y entonces construimos nuestra casa; su familia nos regaló un pedazo de tierra, en Peñalolén, y ahí entonces armé la comunidad ecológica. Fuimos de los primeros que llegamos ahí, había como dos o tres familias más; me concentré en mi casa y al tiempo ya tenía dos niños más; aparecieron los abuelos, que en ese caso uno era rector de la Universidad de Chile y la otra directora de la Escuela de Biología, y empezaron a pedir que tenía que educar a mis hijos (a los de la segunda camada) de manera más normal, mandarlos a la escuela. La Comunidad la empezamos como unas cinco familias en 300 hectáreas, después comenzaron a llegar unas pocas más, y había que educar a los niñitos de ahí, a los preescolares, así que me hice cargo de ellos y al mes hice el Jardín Infantil Ecológico, porque eran hijos de profesionales jóvenes que vivían en contacto con la naturaleza; no era una escuela rural para hijos de campesinos, así que tuve que crear un sistema apropiado. 

Ahí también empecé con la gente a celebrar las estaciones, y eso surge por la edad de los niños, había que ubicarlos en el espacio y en el tiempo, pero no le puedes decir a un niño de tres años: lunes, miércoles y sábado, ni febrero o septiembre o darle la hora, son cosas abstractas, convencionalismos digamos. La manera más real y concreta que le puedes mostrar el tiempo a un niño es a través de los procesos de la naturaleza, entre la noche y el día, entre primavera y el verano. 
 Cuando construimos nuestra casa, apareció una amiga y dijo “oye, tengo un terrenito en Isla Negra, ¿por qué no me construyen una casa?”, y nos fuimos con los niños en carpa, en verano. Empezamos a construir la casa y cuando teníamos bastante avanzado la estructura, apareció un señor, inspector muncipal, y dijo: “¿ustedes tienen permiso para la construcción?” –sí, tenemos permiso de la dueña, estamos construyendo para ella- le respondimos –no, no, permiso municipal- agregó –aaah, ¿tenemos que tener permiso del municipio?- sí dijo –¿y para qué hay que tener permiso para eso? -es que hay que tener planos, firmados por un arquitecto –no, no tenemos nada; el señor se río de nosotros, por nuestra ingenuidad y dijo “mire, lo único que les voy a pedir es que detengan la obra”. Entonces mi compañero tomó unos cursos durante tres meses con un arquitecto amigo de la dueña, y aprendió a hacer los planos y los firmó el arquitecto éste. Y ahora es mi ex compañero y mi nuevamente amigo; él todavía funciona así y es uno de los arquitectos más caros de Chile en este minuto: Kim Cordua. 

CORRETAJE DE PROPIEDADES -Harta gente empezó a querer vivir en la Comunidad de Peñalolén y a preguntarme si acaso había posibilidad de comprar terreno, y apareció un día un campesino al que le habían robado las vacas y quería hacer algo, y se me ocurrió, no sé de dónde, decirle: “si usted vende su terreno y pone la plata en el banco usted podría vivir tranquilo sin cuidar vacas, con los intereses mensuales que le da el banco”; y apareció el viejito como dos semanas después diciendo: -Soa Blanquita, sabe que me gustaría vender mi parcela. -¿Y qué puedo hacer yo?- le respondí. -Es que quiero que usted me la venda. -Es que yo no tengo idea de cómo vender un terreno- le dije. -Es que usted por lo menos sabe leer y escribir, y yo no sé. Como había tanta gente que venía de visita y querían tener un lugar, comenzó mi carrera de corretaje de propiedades y terminé con una oficina con un staff de cinco abogados, especialistas en herencias, porque cada uno llegaba con sus capitales con problemas y entonces necesitábamos asesoría, y con arquitectos para hacer diseños de sistemas de goteo, ecológicos y sustentables, con planos excepcionales para defender un proyecto de urbanización diferente, dentro de un plan regulador. 

 Ahí en Peñalolén vivíamos a cinco kilómetros de donde terminaba la ciudad y no teníamos ni luz eléctrica ni agua potable, entonces empezamos a hacer aplicaciones de máxima optimización en todos los recursos, en la conservación de alimento, en los cultivos, en el uso y reciclado del agua; éramos unos verdaderos permacultores, sin saber la palabra, así que comencé un nuevo oficio. 

PERMACULTURA EN ITALIA -Ahí estuve siete años; me separé de Kim -todas las separaciones son dolorosas-, y, de repente, miré al cielo y dije: “solamente me podré sanar si cruzo el océano y llego a tierra con lenguas extrañas”, y a los cuatro meses se conjugó todo y estaba cruzando el mar, viajando con mis cuatro hijos a vivir a Italia; me recibió mi hermano, estuvimos un año y medio allá. En Italia conocí la palabra permacultura, en el año 90; allá estuve trabajando con los grupos ecologistas, yendo a limpiar los ríos, en proyectos de reciclados, de jardín ecológico, etc. Tengo una vocación de amor social que lo manifiesto a través de las acción social, de involucrar a la gente, pero siempre con esta inclinación hacia el trabajo con respeto a la naturaleza, ese es el don con que he nacido en esta encarnación. La familia paterna fue para allá y me engañaron; me trajeron mis cachorritos de vuelta a Chile, y en realidad no era mi proyecto, así que me volví a Chile rápidamente. Regresé de vuelta un ratito a la comunidad, y le pregunté a los hijos si querían una mamá en casa o querían mamá con dinero, y dijeron “mamá con dinero”, así que armé de vuelta la oficina de corretaje y de asesorías urbanistas alternativas y ecológicas, y salí más afuera de la comunidad y empecé a tener muchas personas que ya eran mis clientes que tenían algunos capitales que querían invertir. 


ASESORA ECONÓMICA -Y me transformé en su asesora económica; siempre creo que el único negocio donde uno no puede ir para atrás es la tierra, lo único que no pierde el valor, así que me dediqué a buscar lugares, y entremedio fui encontrando gente que quería formar un loteo nuevo en la costa, y entonces dije: “si le damos una característica con la ecología va a tener un plus especial”, con un centro comunitario donde hay reuniones; con lugares comunes; pero también un acuerdo comunitario antes de entrar al condominio, en donde se aplica una cantidad de reglas de convivencia y dentro de esa una de las cosas importantes era que destinaran el 25% del terreno que compraban a la reforestación nativa, para implementar la restauración de las tierras, del suelo; que los sistemas de usos de agua fueran con reciclado para optimizar el riego; con separación de residuos, toda una cantidad de cosas que te marcan un estilo de vida y eso le da un plus al lugar también porque sabes que cuando compras te vas a encontrar que a tu vecino también le interesan esas cosas y no te viene cualquier pelotudo a hacer un disparate. 

 Gané bastante dinero, por ahí me compré unas carpetas de clientes en Las Parvas, me codeé con los dueños de Chile y de repente viendo cómo funcionaba todo, había algo que me pasaba en mi alma que me dolía, me molestaba y era que en general no se escapan en esto ni los más místicos y más religiosos y espirituales; cuando hay una cantidad de dinero que vas a invertir, ya sea para comprar o para vender, le salía a las personas la parte oscura del alma, el egoísmo, la avaricia, no sé, como “cágate al otro”, “cóbrale más”, “sácale más a este”, esos sentimientos muy malos, y me empezaron a afectar mucho a mi propia alma; a tener que lidiar con esas emociones de las personas y empecé a tener un sentimiento profundo de la necesidad de un cambio, no me sentía cómoda en este trabajo. 

ACCIDENTE Y VALLE ALEGRE -Ahora doy gracias al universo de que en el año 99 tuve un tremendo accidente automovilístico que me obligó a estar dos meses en cama sin moverme; tuve reposo absoluto, porque tenía una gran cantidad de quebraduras y lo único que tenía que hacer era no moverme para que se me soldaran todas. En esos momentos uno pone a prueba las verdaderas amistades, la gente que realmente está contigo, porque hay muchas personas que están cerca por los talentos que tienes y que les hacen crecer su capital; pero cuando no eres muy útil, desaparecen; fue un coladero, fue bueno. Pude meditar, adentrarme en lo profundo de mi ser y decidir qué es lo que quería vivir. Decidí que deseaba parar e ir a vivir de otra forma, volver a recomenzar, de vuelta al contacto con la tierra y salirme del consumismo. 

 Me fui a vivir un rato con un grupo a Valle Alegre, al interior de Quintero, y empezamos a armar un lugar como muestra de una propuesta de restauración de tierras contaminadas con lluvia ácida. Recién habían instalado las chimeneas que disminuían al 30% la contaminación; ya no entraban los gases al valle de Puchuncaví sino que quedaban ahí encima del pueblito de La Greda, al lado de Ventana. 

 DE ECUADOR A EL BOLSÓN -Entremedio me bajó también las ganas de ir a vivir en un lugar donde ya estuviera el jardín hecho; tenía una hija (Vida) que estaba en Ecuador y a la cual iba a visitar. Me dije a mi misma “creo que me gustaría vivir en el Amazonas un rato”, así que me instalé a vivir allá también un tiempo, en la selva, cerca de Misahualli; tenía unos capitales, así que me compré un pedazo de tierra y estuvimos ahí experimentando, viviendo con los indígenas en el periodo de transición que tienen ellos entre lo que es la selva y el pueblo; ahí estuve dándole clases a niños, a niñas, enseñándoles a cocinar, a preparar chocolate; ellos producían el cacao y no tenían idea de producir chocolate; fue una experiencia muy interesante. 

Esto fue en 2003 y me quedé como un año. Después me vine de vuelta; estuve en Concón un rato, pensando en volver de vuelta a Ecuador y no sé, se dieron todas las coordenadas para que viniera a la Patagonia. Yo ya estaba comenzando a venir a El Bolsón de visita; uno de mis hijos (Pastor) se había venido para acá, y cada vez que vine siempre aprendí algo; me metí también a un curso de agricultura orgánica bio-intensiva en una escuela acá que se llama Ciesa. Y siempre con chicos, con gente joven aprendiendo y construyendo con barro, empecé a armar un sistema de vida sustentable. En 2004, me invitaron a El Bolsón para venir a dar clases en un taller de construcción con barro en donde empezamos a construir la escuelita Waldorf. 
Con la chica que organizó el taller, que es de EEUU -de la organización Kleiwerks-, dijimos que sería una buena cosa dar un taller más largo pero incluir la permacultura también; entonces organizamos para el 2005 un taller de tres meses; un mes de construcción natural; un mes de permacultura y un mes de pasantías; éstas consistían en que los alumnos escogían después de esos dos meses de clases y de construcción, alguna área, por ejemplo, alguien quería aprender sobre agricultura entonces lo llevábamos a vivir con algún campesino que enseñara y viviera con él como aprendiz, a la usanza de la Edad Media o del Renacimiento. En realidad antes cuando venía a El Bolsón a visitar a Pastor y a mi nieta, empecé a conocer gente y siempre me invitaban a que viniera a vivir acá porque tenía tanto que entregar, y en esto cumplí 50 años y dije; “creo que sería bueno parar un rato” y creo que aquí es un buen lugar porque te encuentras muchos pares; tú caminas en la calle y aunque no hables a la gente tú la miras a los ojos y sabes que pertenece a tu tribu de alguna manera, no todos, pero hay muchos y entonces decidí quedarme por acá. Alquilé una casa, empezaron a llegar más amigos, de Chile algunos iban y venían; en ese rato también ayudé a todo lo que fue la fundación del Cidep, del centro de permacultura; estuve dos años entregando mi energía, mi economía, mis conocimientos para el lugar y en ese rato yo tenía todavía mi casa en Peñalolén de la comunidad ecológica, en alquiler, y eso me permitía a mí tener una solvencia económica para hacer todo este tipo de movidas, así sin tener que decir: “¿en qué me gano la vida?”. Me surgió la necesidad de tener un espacio propio, porque a veces es difícil con los grupos, o sea, coincidir en todas las visiones, capaz que las tengan y se demoran un poco más en manifestarlas, no lo sé. Así que tomé la decisión de cambiar mi inversión de la comunidad ecológica de Peñalolén y comprarme este lugar. Cuando lo compré estaba la planta baja construida con ladrillos, no me la habría hecho así la casa, pero era fines de mayo y se acercaba el invierno y había que meterse en algún lugar y dejar de pagar alquiler, porque ahora sí que no iba a haber una renta, tenía que invertir. 

 MINGAS Y PERMACULTURA URBANA -Cerré la estructura que ya estaba en el segundo piso, puse techo vivo -de pasto con aislación-, y en la primavera comencé a dar talleres a las personas de escasos recursos del pueblo, que construyen sus casas con cantoneras a la orilla del río, para que aprendieran a hacer aislaciones térmicas con arcilla y con barro y a hacer revoque con arcilla. También las casas hechas de estos ladrillos de cemento, bloques le llaman aquí, son muy comunes, son horribles y helados. Yo les daba mi conocimiento y ellos dejaban las manos en su trabajo; un intercambio, un trueque y comenzamos a organizar con ellos las mingas. Esa fue una de las palabras que introduje también acá en la comunidad de El Bolsón, porque aquí en Argentina decir minga es un gesto en que se pone la mano en el codo, y significa negarte algo; “pero ustedes están locos, están equivocados –les dije-, todo lo contrario, minga es que te abro las manos, que te ayudo”; minga significa en quechua trabajo en comunidad; y empezamos a hablar mucho de la palabra minga; y armamos los grupos de mingas de huertas y de construcción; los mismos chicos o la gente grande que venía a tomar los talleres conmigo armaban grupos en sus barrios y todos iban a una casa un día, a la próxima semana iban a la casa del otro, y empezaron a entender esto del trabajo comunitario; si yo hago sola el barro y lo pongo sola, me demoro mucho, si traigo diez vecinos lo hacemos en un día, entonces yo le doy la mano al vecino también, y ahora la palabra está bastante involucrada y acá en el pueblo incluso hay un programa de radio que se llama La Minga Trabajo Comunitario. 

 En ese tiempo, cuando yo compre acá, empecé a recibir voluntarios orgánicos, gente que quería venir a trabajar a cambio de comida y alojamiento, y es un red que permanece en el Internet; vienen chicos de todas partes del mundo, porque lo que hice acá es un proyecto como un centro de permacultura urbana; los del Cidep quedaron ahí con el centro de permacultura de diseño en el campo, pero para mí era un desafío mostrar el tema de la permacultura aplicado en la urbanidad. Vivo aquí a dos kilómetros del pueblo, en un lugar muy privilegiado, rodeada de parcelas grandes, pero en el área donde yo habito acá en Golondrinas son todos pequeños terrenos, y tengo todos los servicios que me da la urbanidad, tengo el gas natural, no tengo espacio donde producir leña, tengo teléfono, luz eléctrica, tengo agua; voy a hacer un baño seco como una muestra pero en realidad no lo necesito (a menos que se corte el agua), estoy haciendo varias otras cosas que sirvan como demostraciones. Recoger la basura del pueblo, ir a los corralones, recoger los restos de cerámicos y enseñar a la gente a reutilizarlos, a usar las botellas de vidrio en la construcción, a compactar los pedacitos de plástico, cualquier plastiquito o cosa en una botella de gaseosa y transformarlo en un eco-ladrillo y después reutilizarlo, también con los palet, y demostrar que con poco dinero se pueden hacer muchas cosas; los elementos están al alcance de la mano, es como un desafío. Yo por ejemplo saco una bolsa de basura que equivale a dos bolsas de supermercado, una vez al mes, para entregar al municipio; el resto todo se trasforma en elementos de reutilización, el tarrito del atún, el saché de leche que apenas se ocupa se lava y después se da vuelta y es un buen depósito para hacer una maseta para una plata, para el vivero, todo se recicla al máximo. 

 GUARDIANES DE LA NATURALEZA -Entre medio de esto, siempre vienen los estudiantes a consultar; he participado mucho en las escuelas mostrándoles el tema del reciclado. Armé un grupo que se llama El Bolsón Recicla, donde yo estoy como representante de la permacultura urbana; y junto con el Instituto de Formación Docente Continua de El Bolsón –que es la escuela local de pedagogía- y la Oficina del Medioambiente de la Municipalidad de El Bolsón, entre las tres organizaciones se forman grupos de acción y educación, de cuidado del medio ambiente; vamos a las escuelas, a los barrios, enseñamos a la gente cómo reciclar, hacemos unos laboratorios de lombrices para que hagan la composta en su casa; les decimos a los niños que soy la abuelita Rosa del pueblo que anda buscando guardianes para la naturaleza y todos paran la mano y el dedo, los maestros, los niños, todos, y es re bonito porque en el pueblo tengo que caminar siempre sonriendo porque todo el mundo me saluda, no sé quién es ni cómo se llama ni dónde lo conocí, si en una escuela, en un barrio o vino a mi casa, pero me conoce, me entrevistan de la televisión local, van a la feria donde también trabajo vendiendo mis semillas, mis plantas medicinales, me van a conocer en persona, hablo en la radio. 

 Con otro amigo tuve un programa en la radio que se llamaba Naturalmente y ahí daba indicaciones de cuándo cultivar, todo lo que pudiera significar lo que yo llamo mi misión, que es la sanación de la Madre Tierra, todo acto que podamos hacer que signifique que cooperamos con su sanación, crear esta conciencia, donde sea que vaya, es lo que hago y he hecho hace mucho, a través del concepto de la permacultura, de como yo me defino, una educadora ecologista, una sanadora, es mi talento, mi vocación, mi pasión es esa. OFICINA DEL MEDIOAMBIENTE -Yo participo en la feria que se pone alrededor de la plaza; entré para ayudar a mis hijos a vender sus cantavientos, y ellos me permiten vender mis semillas orgánicas; me dedico a la producción y el cuidado de las semillas, a las plantas medicinales y el viverismo. La feria tenía una revista que se llama Ecología en la Feria, empecé a escribir artículos, comunicar a la gente, que El Bolsón fue declarado patrimonio de la humanidad, una reserva de la biosfera, qué significa eso, después a hablar sobre los residuos, las basuras, si uno separa los elementos reciclables, cuánto demora en transformarse una botella en polvo de vuelta en la tierra o cuánto demora el plástico, el neumático, o una colilla de cigarro; quise dar información a la gente, invitarlos a las reforestaciones de los incendios, y como ando en las escuelas y en la radio y en la televisión siempre dando mensajes, porque cuando en el caso de las noticias en la tele, me van a buscar o vienen acá a preguntarme, “Blanca, ¿qué tendrías para comunicar?”, y yo siempre tengo algo para entregar, para apoyar a las personas, entonces la gente me conoce. Y ahí en la feria se armó un grupo que es un movimiento político, no es un partido, que se llama Mano-K y la K por Kaleuche, que es el apodo que tiene el intendente, que acá corresponde al alcalde chileno; él tenía un proyecto del Frente para la Victoria, y le propusimos que nosotros, los hippies de la feria, lo íbamos apoyar si nos daba tres carteras dentro del municipio: turismo, cultura y medioambiente. 

Entonces logramos traer a votar a los hippies de las montañas, del cerro, del campo, y los colocamos ahí en el poder administrativo, y estar ahí presente para que cumpla el proyecto. El Bolsón en general venía siendo gobernado por los radicales, que acá son de derecha, no es como en Chile que son de centro izquierda, acá son los herederos de la dictadura, muy neoliberales, te venden hasta la madre. Y la idea era producir el cambio, y ahora hay un cambio de sistema de gobierno en El Bolsón, en el cual estamos siendo partícipes. Y a petición de la gente el Intendente me nombró directora de la Oficina de Medioambiente de la Municipalidad. Asumimos el gobierno el 9 de diciembre [de 2011], estamos recién adentrándonos en un municipio que lo entregaron quebrado, con empleados públicos con problemas de salud mental, de mediocridad de trabajo, de funcionalidad del sueldo y del mínimo esfuerzo, porque como dicen acá, han sido muy ninguneados, o sea, una desvalorización de la persona, del rol que cumple cada uno en su trabajo; estamos en un intento, que es re difícil, pero puedo volver a decirle a la persona, por ejemplo, que hace la recolección de la basura, que este personaje es tan importante como el secretario de la oficina de contabilidad del municipio, para que el tipo que recoge la basura, que hasta ahora lo han tratado mal, recupere la dignidad como persona y la dignidad como trabajador. 

Hay un trabajo que estamos tratando de hacer, va a tomar un tiempo pero es uno de los objetivos; mucha gente del personal de planta no tienen amor por el trabajo porque no hay una proyección a nivel personal, no hay un crecimiento como persona; estamos viendo cómo podemos cambiar eso. En el gabinete, que es el poder ejecutivo, todos tienen la misma importancia; el portavoz es el intendente, el que tiene la última palabra, porque es elegido por el pueblo. 
Los concejales son elegidos y son el poder legislativo; ahora tenemos mayoría, por lo que hay muchas más posibilidades de aprobaciones de proyectos, de decretos ley, de todo. Siempre veo las noticias, y me interesa en este minuto una política medioambientalista; tendríamos que nominarla de alguna manera, no es de izquierda ni de derecha, es una política de sustentabilidad, esa es mi línea en términos políticos. Cuando hablo de política es poder participar, poder opinar, poder actuar y es por eso que acepté también este cargo en el municipio, porque es desde donde uno podría gestionar alguna nueva ordenanza. En esta Oficina tenemos dos sueños, uno es limpiar el área de la feria, los baños públicos que es un desastre, no lo puedes creer, ya empezó a andar eso; y lo otro es dejar armado los decretos ley para la protección de las semillas y de los cultivos orgánicos acá en la zona, hacer un registro de todos los cultivos bioquímicos que hay que no son muchos, pero que haya un mapeo de dónde están y ojala empezar a trabajar con esa gente para que hagan sus cultivos de manera ecológica, porque hay alternativas. Ahora estoy haciendo una campaña de recolección de semillas nativas para hacer la reforestación del incendio del Hoyo de Epuyén, el año pasado lo hicimos en el lago Puelo, con el sistema de nendo dango que son semillas envueltas en bolitas de arcilla, en eso involucramos a toda la población, a los niños en las escuelas, a los vecinos. Participamos también con una organización internacional que funciona desde Finlandia que se llama Eno Environment, ellos son un grupo de educación ambientalista y convocan a todo el planeta a plantar un árboles a medida que va saliendo el sol. 
El 21 de mayo es el Día Internacional del Árbol, y a medida que el sol va avanzando y cubriendo el continente van despertando y van plantando árboles y todo online, entonces uno desde El Bolsón puede ver cómo los niñitos en China están plantando los arboles y después a la vuelta ellos ven cómo los niñitos de El Bolsón plantaron los árboles; este va a hacer el tercer año, el primer año se plantaron como cinco millones de árboles en un día en el planeta, el segundo año se plantaron como 80 millones y este año esperamos triplicar la cifra. Ante toda esta cosa apocalíptica de: no al petróleo, no a la contaminación, el calentamiento global y todo, yo creo que hay mucha gente que estamos haciendo cosas y nos vamos turnando. 

 CUIDADORA DE SEMILLAS -Entre las venidas e idas acá en El Bolsón siempre volví al Ciesa, a esta escuela de agricultura intensiva, sustentable, y ahí también recibí una charla sobre las semillas y me di cuenta de la importancia de ellas, también apareció en mis manos un DVD, una película que dice qué comeremos mañana, que explica toda la movida de Monsanto, con los transgénicos y con las patentes de los genes de las plantas. Me interesó. En Europa la gente no quiere comer alimentos que son transgénicos, entonces dónde los compran, en América del Sur, que todavía hay comida que no es transgénica, pero se están introduciendo. 

 Y empecé a investigar con las semillas, a tomar clases en algunos lugares, ir a cada charla que hubo, y entonces me empezó a preocupar mucho, porque anteriormente me creía el cuento de que producir una cantidad extra de lechuga o de acelga o de poroto, ya era alimento para la población, pero ahora me preocupa más producir semillas para la humanidad, porque hay bastante gente que está produciendo comida. Entre medio de eso he tomado seminarios y talleres de soberanía alimentaria, para poder hacer la diferencia con la seguridad alimentaria y la importancia que tienen las semillas, osea, después de haber visto y enterarme de todas las movidas de Monsanto y sus secuaces, dije “hay que dar esta batalla pacíficamente”, entonces siento que es muy importante y acá en El Bolsón uno llega a conciliar muchas cosas.
 En eso volví a estudiar agricultura y en un día con el profesor, cuando ya estábamos en el periodo de término de clases, en el proceso de las semillas, le digo “por qué no armamos un grupo de banco de semillas”, dijo “sí, podría ser”, y con un grupo de los alumnos que estaban ahí, decidimos armar un grupo de cuidadores de semilla; no queremos un museo de semilla, un edificio donde hay distintos tipos de semilla, no, un banco vivo y eso significa que somos 25 personas que formamos el grupo y compartimos semillas entre nosotros, las que no tiene uno las tiene el otro, algunos se especializan más en unas cosas que en otras y tenemos un registro, entonces por ejemplo dice: “Blanca Rosa, ¿qué semillas tiene Blanca Rosa?”, y tengo ahí anotadas las 25 especies diferentes de semillas que tengo, y estudiamos también el trato de las semillas, el cuidado de las plantas que producen las semillas; uno cuando trabaja con las semillas trata de encontrarle la ficha histórica, de dónde vino la primera, lo más atrás que puedas encontrar, quién la cultivó, cómo la cultivo, en qué geografía la cultivó, cómo llegó hasta mis manos, después en mis manos, cómo la sembré, cómo fueron las condiciones, cuál fue el porcentaje que tuve de producción en relación a lo que sembré, cuáles fueron las condiciones climáticas de ese año y después el próximo año, y ya tengo semillas que llevan cuatro años conmigo, que son generaciones que han ido en reproducción. 
 Acá en el grupo de los 25 soy la única que vende semillas en la feria, hay otra persona que vende en su granja, tienes que llamarlo, no es tan pública su entrega y dos personas hay que lo hacen más bien por hobby, para tener variedades y participar en un grupo, porque es entretenido; nos juntamos una vez al mes en la chacra de uno, en la chacra del otro, vamos circulando y vamos estudiando una semilla, nos dedicamos y vamos aprendiendo cada vez más. 
 Y entre medio de eso apareció una señora argentina que venía de Francia y quería venirse a vivir a El Bolsón, y ella estaba conectada con el grupo Kokopelli, que es una organización internacional que funciona en ese país dirigida por Dominique Guillet, y ellos se dedican al rescate de semillas originarias, criollas, de todas partes del mundo, y tienen lugares de reproducción de las semillas, en la India, en Guatemala, en México, y una vez que reproducen estas semillas, ellas las manda de regalo a gente que quieran reproducirlas. En Francia estaba prohibido producir semillas y vender las semillas que tú produces, pero ahora ganaron la demanda y salió el fallo de los jueces donde permiten que puedan vender las semillas, porque lo que decía la ley es que solo podías vender semillas que estuvieran en el registro oficial y ese lo maneja Monsanto. 
Una de las causas que promueve y favorece el fallo es el derecho humano a comer la diversidad de alimentos, porque Monsanto lo que hace es eliminar variedad y maneja dos o tres de cada producto. Entonces ahora en Francia existe la libertad de escoger si quieres comer orgánico o si quieres comer transgénico, es tu derecho como ciudadano. Es muy interesante las bases del fallo a favor, sería muy bueno difundir esto en Chile, porque creo que tenemos esta problemática en este minuto que están sesionando de manera privada, no pública y hay un lobby horroroso. Y están todos los colores políticos del Congreso involucrados porque están manejados por la letra chica del TLC, ese es el gran problema que tiene Chile, que fue firmar el pacto con el demonio, el olor azufre que dice Chávez. 

 DE VUELTA A CHILE -Siempre que tengo algún conocimiento, voy de vuelta a Chile, tengo grupos antiguos de alumnos, de los cuales soy su mentora, voy a enseñarles lo que sea que he aprendido, donde haya sido, he ido armando grupos allá también de cuidadores de semillas. Por eso quiero volver a Chile, porque para mí vivir aquí en El Bolsón ha sido una escuela en todo sentido, y volver a hacer activismo político ambientalista, porque creo que necesitamos recuperar el agua como un derecho humano y un bien público, parece tirado de las mechas, medio loco, medio difícil, imposible, pero es posible en la medida en que todos los chilenos, o sea el 99%, nos pongamos de acuerdo y pidamos eso; porque cuando uno vive en una democracia, es el pueblo el que tiene el poder de gobernar, que es algo que recién se está entendiendo en Chile, o sea, recién el año pasado con el despertar de los estudiantes y todavía se están movilizando, y el Gobierno con la policía armada, resguardado con estas leyes de seguridad impuestas por Bush, tenemos que terminar con ese tipo de cosas y somos el pueblo, los afectados, los que tenemos que hacer que esto cambie. 


 BUENAS NOTICIAS -La gente cuando dice “uy, ¿por qué tienes techo de pasto?”, digo “porque yo mantengo la fertilidad de la tierra”; cuando uno construye una casa, sacas una cantidad de suelo fértil, puedo construir los pisos que quiera y vuelvo a colocar el suelo fértil arriba: la fertilidad, es la respiración, está vivo; respira no solo a la atmósfera; respira al resto del universo; la respiración regula la humedad; me regula el agua; me trae la lluvia; me sirve de aislante en la casa. Imagínate que en mi barrio si todos mis vecinos tuvieran techos verdes; yo a lo mejor participo en rebajar 0,0001 grados el calentamiento global, pero si esto se va multiplicando, y si vamos entre todos cuidando las semillas y organizando, cuidando el agua y se sigue expandiendo la permacultura, la sustentabilidad, haciendo reforestaciones planetarias. 

Hay una cantidad de gente que estamos trabajando y yo creo que eso es lo que pasa un poco en Chile, porque yo veo las noticias de allá también, como que son todas malas; tiene que haber más buenas noticias, de las cosas buenas que están ocurriendo; cuando uno ve el canal Telesur, tú vez que hay artículos y gente que está trabajando en el alza de todo un país. Por ejemplo, aplican a Bolivia el sistema cubano de alfabetización, y es un país que ya no es más analfabeto, bueno y quién sabe eso, o hay gente que está restaurando el desierto con el sistema nendo dango o plantando, recuperando los manglares, hay mucha gente haciendo cosas, entonces uno para qué insiste en esto, para que uno no se sienta solo o que uno está pedaleando en banda, porque hay gente que dice: “ay, ¿para qué voy a cuidar tanto a la naturaleza si hay 10 hueones que están destruyendo el planeta?”, pero hay otros nueve por ahí también que están ayudando a sanar el planeta, si no ya no estaríamos acá. 

Creo que si tuviera que dar algún mensaje es ese, que hay buenas noticias. Me encanta decir que tengo 60 años, y me recuerda a los Beatles, a esa canción “me querrás cuando tenga 60 años”; para mí, envejecer y tener este estatus de abuela es un honor que permite ciertos privilegios sociales, me la tomo en buena; tener el pelo blanco, un éxito. Puedo decir lo que quiera, yo no tengo nada que perder, todo a ganar y si le gusta a quien le gusta y al que no le guste que opine, podemos discutir, soy pacífica. Tengo mucha imaginación, me paro en un lugar y se me ocurre qué construir, dónde, cómo optimizar, dónde guardo el agua, cómo lo hago, los sistemas, todo lo he aprendido porque me gusta mucho aprender, cada día sigo estudiando. Contacto: Blanca Rosa Por Cristian Sotomayor Demuth Con la colaboración de Daniela Rodríguez G. (Transcripción) Relacionado: Permacultura: Una salida con mil puertas Prácticas agro-ecológicas: 


La otra relación con la Tierra El Bolsón fue la sede del tercer Encuentro Internacional de Bioconstrucción Ocupar, reciclar, producir… Toma sustentable en El Bolsón Wasi: Mujeres constructoras de un mundo perdurable 

 En la Región del Maule fue lanzado el Consejo de Asentamientos Sustentables de América -CASA- Chile 

 El Ciudadano

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